El envejecimiento cutáneo es un proceso natural de la vida que afecta a todos los pacientes y que, habitualmente, se muestra más a nivel facial. Acciones como reír, fruncir el ceño o entrecerrar los ojos se producen por la contracción de la musculatura facial, lo que a la larga hace que se formen arrugas, se profundicen los surcos, etc.
A medida que se envejece la piel pierde grasa subcutánea, colágeno y elastina, los componentes estructurales de la piel. Digamos que son el “andamio” sobre el que se construye la estructura facial.
Dentro de este envejecimiento fisiológico se produce un cambio en la estructura facial. Podemos decir que durante las etapas iniciales y medias de la vida presentamos “el triángulo de la juventud”, donde tenemos una distribución de los compartimentos grasos faciales en forma de triángulo invertido, presentando más volumen (por lo general) en el tercio medio facial, sobre todo a nivel de pómulos, y menos a nivel del tercio inferior, en mentón o ángulos mandibulares, por ejemplo.
Con el paso de los años ese triángulo se va convirtiendo en un cuadrado, donde perdemos volúmenes debido a la pérdida de colágeno y elastina propia de la edad. Durante este proceso, los ligamentos que mantienen firme la piel van perdiendo esa firmeza y la grasa que albergan entre ellos “se cae”, aumentando el volumen facial a nivel de mandíbula, comisuras bucales o porción superior del cuello. Dicho descolgamiento va generando los surcos que se crean a nivel facial, como el nasogeniano (desde la aleta nasal hasta la comisura labial) o las líneas de marioneta (desde las comisuras bucales hasta la barbilla).
Actualmente existen múltiples técnicas y materiales que pueden ayudar a revertir esta situación o, al menos, a solucionar temporalmente dicho problema, así como a corregir asimetrías, imperfecciones o mejorar el aspecto general de nuestra cara.
De especial importancia de cara al tratamiento que vayamos a realizar. La región facial es, probablemente, la más importante a la hora de realizar un tratamiento, dado que es la zona que más expuesta tenemos tanto a la hora de relacionarnos con nuestro entorno (tanto social como ambiental).
En una primera consulta analizaremos la anatomía facial del paciente, sus preocupaciones, puntos que desearía mejorar y posibilidades de tratamiento a realizar. A la hora de plantear un tratamiento debemos tener presente que no todos los pacientes precisarán de la misma cantidad de producto según la zona a tratar, del mismo modo que tampoco puede ser necesario emplear la misma cantidad en diferentes procedimientos con el mismo paciente.
Es por ello por lo que, como ya hemos comentado previamente, debemos hacer un diagnóstico preciso y atender a las necesidades y características propias de cada paciente a fin de obtener un resultado natural, armónico y satisfactorio.
Nos tomaremos el tiempo necesario para hacer una detallada historia clínica y análisis facial, en el que haremos uso de la última tecnología en herramientas diagnósticas para la piel, tales como:
Ecógrafo Mylab Class C:
Al igual que en las demás especialidades médicas, en la Medicina Estética no se puede tratar al paciente, por falta de conocimiento o de medios, sin un diagnóstico específico de la lesión con la que llega a la consulta.
Un ecógrafo es un equipo que utiliza ondas sonoras de media y alta frecuencia para obtener imágenes reales de estructuras corporales, de forma que el médico pueda diagnosticar lesiones de la piel, de la grasa, de la función vascular, etc.
Mediante este método no invasivo podemos realizar un diagnóstico preciso y fidedigno, a la par que orientar el protocolo de tratamientos a seguir de la forma más eficiente posible. Se trata de una técnica ampliamente utilizada en el sector médico, de probada eficacia en especialidades como la traumatología, cardiología, digestivo, ginecología y dermatología. Es en esta última especialidad médica, donde se están produciendo los avances más significativos y de mayor utilidad en la subsiguiente aplicación en medicina estética.
Cámara Antera 3D
Actualmente, contamos con sistemas de sondas lineales de alta frecuencia (18-22MHz), y sistemas informáticos que nos permiten identificar estructuras tan pequeñas como la epidermis, la dermis, la microcirculación de la piel y el grado de fotoenvejecimiento de la misma.
La ecografía será decisiva a la hora de determinar el tipo de implante (relleno de ácido hialurónico, de hidroxiapatita, de ácido poliláctico, de aceite de silicona…) que se haya podido realizar el paciente, así como su localización. De esta manera podremos valorar la idoneidad del nuevo relleno que deseamos poner al paciente y prevenir complicaciones futuras. De hecho, muchos médicos nos derivan a la clínica pacientes que no han sido previamente tratados por ellos y que precisan de un diagnóstico del tipo de implante que llevan, con el fin de poder garantizar la seguridad del nuevo relleno a implantar.
Este novedoso sistema de imagen utiliza una tecnología óptica que nos permite el análisis y evaluación de la piel, tanto en 2 como en 3 dimensiones, facilitando información de la epidermis y dermis, aportándonos datos como:
Toda esta información recogida, será fundamental para elaborar un correcto diagnóstico médico, y proponer así, un adecuado tratamiento. Igualmente, nos permite evaluar el grado de mejora durante la evolución del programa terapéutico propuesto.
Uno de los reyes de la Medicina Estética, de los tratamientos más realizados no solo a nivel nacional, sino mundial, es la infiltración de ácido hialurónico.
Se trata de una molécula que presentamos en nuestro organismo de manera natural pero que, a medida que pasan los años, disminuye su producción.
En todos estos años ha habido una gran evolución en cuanto a las técnicas de obtención de esta molécula y la forma de procesarla para obtener un producto final específico para cada zona a tratar. A la hora de hablar de ácido hialurónico debemos hablar también de un concepto llamado grado de reticulación.
Grosso modo, a nivel composición, el ácido hialurónico es un azúcar. Podríamos decir que actúa a nivel cutáneo como una esponja, captando agua, es decir, aportando volumen a la zona tratada. El grado de reticulación del ácido hialurónico nos aportará una densidad u otra. A mayor grado de reticulación, mayor densidad, mayor capacidad de captación de agua y, por tanto, mayor capacidad de aportar volumen a la zona tratada.
Debemos tener presente lo mencionado anteriormente, pues a un paciente que solicite aumentar volumen en los pómulos no le ofreceremos el mismo producto que a otro que solicite aumentar el volumen de los labios, corregir la sonrisa gingival o hidratar a un nivel profundo la piel de la cara.
Dentro de los tratamientos que se pueden realizar encontramos:
Licenciado en Medicina y Cirugía
Nº colegiado: 282858520
Grado en Medicina
Nº de col.: 282881624
Grado en Medicina
Num. de col: 282891582